maio/07

Hay que conocer ciertas virtudes
normales, vestimentas de cada día
que de tanto ser vistas parecen invisibles
y no entregarnos al excepcional,
al tragafuego o a la mujer araña.

Sin duda que preconizo la excelencia silvestre,
el respeto anticuado, la sed natural,
la oconomía de los hechos sublimes que se pegan
de roca en roca a las generaciones sucesivas,
como ciertos moluscos vencedores del mar.

Toda la gente, somos nosotros, los eslabones grises
de las vidas que se repiten hasta la muerte,
y no llevamos uniformes desmesurados, ni rupturas precisas:
nos convienen las comunicaciones, el limpio amor, el pan puro,
el fútbol, las calles atravesadas con basuras a la puerta,
los perros de condescendientes colas, el jugo de un limón
en el advenimiento del pescado pacífico.

Pido autorización para ser como todos,
como todo el mundo y también, como cualquiera:
le ruego a usted, encarecidamente,
si se trata de mí, ya que de eso se trata,
que se elimine el cornetazo durante mi visita
y se resignen ustedes a mi tranquila ausencia.

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